Pepe Guzmán, como así lo llamaba, e Isabel Rueda, su mujer, fueron los impulsores, de la confitería familiar más próspera, a ellos se lo debemos.

Corrían los años sesenta cuando Pepe Guzmán e Isabel Rueda se embarcan en el negocio de la pastelería. Por aquel entonces la crema, el merengue y el cabello de ángel eran los rellenos más empleados y apreciados, entre otros motivos porque no necesitan frío.

Su torta, se hace famosa en Alhaurín y en los pueblos vecinos, siendo hoy día uno de los productos tradicionales más demandados y con mayor éxito incluso fuera de Andalucía ya que muchos alhaurinos y alhaurinas que viven fuera, cuando vienen de visita se llevan tortas y el comentario siempre es el mismo: “no me puedo ir sin ellas, las están esperando”.

Sus hijos se van incorporando al negocio y van acompañando a Pepe e Isabel en el trabajo diario de la Confitería, elaborando dulces y tartas para celebraciones de todo tipo, cumpleaños, bautizos, comuniones y bodas, creando poco a poco la clientela y la reputación.

José Miguel Guzmán Rueda es uno de sus hijos, el mayor, al que quisieron y pudieron dar una educación, entre los profesores que más marcaron a este hombre se quiere dar un pequeño homenaje con estas líneas a Paquita Guzmán, Sor Amalia, Sor Margarita, Antonio Muñoz y José Rengel.

En febrero de 1976 cae en sus manos la convocatoria de un curso de pastelería en Vigo, el plazo de inscripción estaba cerrado, pero aún así decidió intentarlo. Inmensa fue su sorpresa al recibir la carta de admisión. Así que allí estuvo, seis meses en Vigo, con Miguel Rubio como profesor.

Es en este momento donde comienza la innovación.

Los rellenos tradicionales, crema, merengue y cabello de ángel, tienen que dejar hueco a la nata, que José Miguel empieza a trabajar de forma experimental observando la aceptación de la gente ante un nuevo producto.

La nata precisa de frío y aunque el negocio siempre había contado con la maquinaria más novedosa del momento, aún no estaban preparados. La amasadora, el horno, la laminadora, la batidora y el molino de azúcar tenían su lugar en la confitería pero la era del frío aún no había llegado a Alhaurín el Grande.
Poco a poco la nata fue gustando y los clientes más selectos y atrevidos solicitaban este producto. José Miguel empezó a ir a buscar la nata a Málaga, ya que ni siquiera había distribuidores que trabajaran este producto.
Así llegó la era del frío, compraron una vitrina frigorífica, una cámara y una montadora, y todo a trabajar. Van pasando los años, llegan las mujeres y los hijos y el negocio crece y crece, sin embargo el espacio es limitado y todos no caben, así que cada uno busca su hueco y se dedica a lo que más le gusta.

José Miguel Guzmán y Antonia Guerrero comienzan a principios de 2.003 un nuevo proyecto, su propio proyecto, una nueva andadura con nuevas e innovadoras ideas empresariales y con la ayuda de familia, amigos y proveedores consiguen inaugurar en mayo de 2.003 la Pastelería José Miguel Pasteleros.
Es esta nueva etapa la que marca un punto de inflexión en la historia de José Miguel y Antonia, la innovación, la creatividad y el entusiasmo, la constancia, el buen hacer y la atención al cliente son pilares fundamentales de este proyecto. La asistencia a ferias, la participación en concursos, la asistencia a cursos y las ganas de conocer, experimentar y aprender garantizan la proyección de futuro de este negocio.
Siempre hemos tenido claro nuestro objetivo, satisfacer a nuestros clientes, tenemos lo que necesita, lo que busca y lo que anhela.

 

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